Cuando mi abuela habla del maestro

...le cambia la cara. Se vuelve duro, estricto. Sus ojos transmiten autoridad y respeto.


Mi abuela se siente orgullosa de su nieta, de la MAESTRA. Porque no estamos hablando de una profesión cualquiera. Se trata de una de las figuras que mayor admiración causan. 



Pero además su nieta no ha estudiado en cualquier sitio, sino que ha estudiado en la universidad de Salamanca. ¡En Salamanca, de donde han salido los más ilustres personajes, y la universidad de mayor prestigio de España! Ay abuela, si supieras cómo han cambiado las cosas... Ya no hay universidad de prestigio, tan solo algunas pueden permitirse el lujo de decir que sobresalen sobre otras. Pero en educación, no hay apuestas seguras. 



Aunque una cosa está clara: si su niña es maestra, se merece (más aún) que le pongan una alfombra roja y le tiren pétalos de rosa a su paso. Lo que su niña hace no lo hace cualquiera, se encarga de formar a los niños, de enseñarles a leer y a escribir, a contar, a cantar los ríos de España...lo que ella nunca supo hacer, contar a sus nietos cuentos para dormir y ayudarles con los deberes. Pero no solo hago eso, abuela. 


Hay alguien más que se siente orgullosa de que yo sea maestra, y ésa es mi madre. Ella sí aprendió a leer y escribir, pero el destino le tenía preparado un trabajo de fregar y aguantar: hubiera sido lo que ella hubiese querido, una cabeza brillante, como tantas otras que se han perdido. Sin embargo, ella me recuerda con la cabeza bien alta y con ojos llenos de orgullo que soy la primera universitaria de la familia. ¡La primera! La primera con un título importante. Ay, mamá, si supieras cómo han cambiado las cosas... Un título ya no garantiza un trabajo, ni significa nada. Solo es un pedazo de papel que resume cuatro años (o seis) de estudio.  

Y luego, estoy yo, que sé que mi trabajo es el trabajo de los tontos, el que no quiere nadie, en el que no hay salidas, para el que hay demasiada gente, y por el que voy a ver peligrar mi salud mental. Y tan contenta y orgullosa como las anteriores. 

Porque soy educadora, soy filóloga, matemática, historiadora, literata, asesora personal y profesional, compositora, diseñadora de interiores, animadora, organizadora de eventos...


Soy ilusa, soñadora, vivo en mi propio mundo. Un mundo en el que los educadores de verdad, los que lo sentimos en nuestra piel y en nuestro corazón somos mirados con los mismos ojos con lo que me mira mi abuela cuando digo SOY MAESTRA.

Los profesores pueden cambiar vidas con la mezcla correcta de tiza y desafíos- Joyce Meyer

Comentarios

  1. Sin ninguna duda la profesión más importante junto con los profesionales de la salud.
    Maestros y maestras ¿quien no recuerda a alguno de ellos?
    Desde tu visión interior, de lo que no puede ser otra cosa, que no nazca de la vocación, te felicito por este magnífico texto reivindicativo de una figura clave en la sociedad.
    Un gran saludo Esperanza.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. muchísimas gracias por tu comentario. ciertamente, mi profesión es una de las más importante, o al menos eso pienso, y me siento decepcionada al ver que esa valoración que haces no se traslada a la realidad (sí, sí, el maestro es importante, pero si tengo que descalificarlo lo hago). ojalá lleguemos a una valoración efectiva.
      Un abrazo muy grande!

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares