Y ahora, ¿qué?


Este año he sido estudiante de la UNED, por convicción y porque necesitaba demostrarme a mi misma que puedo conseguir aquello que propongo. Empecé Historia como un modo de redimir mis propios errores y aprender todo lo posible. Pero... hay algo que está claro, y es que estudiar una segunda carrera no va a conseguirme un puesto de trabajo. 

Estoy creciendo. Mucho, en poco tiempo. Y mi determinación y motivación ahora se encuentra en el mayor nivel posible. Así que...

Vuelvo a las oposiciones. Vuelvo al viaje del que me desvié durante un año para curar mis heridas y prepararme mentalmente para aquello que se acerca: altibajos, esfuerzo, sudor, lágrimas y alegrías. 

Mi primera experiencia con las oposiciones fue un desastre, rozando el trauma, que no quise recordar durante todo un año. Y es que cuando tienes un sueño, a veces se vuelve complicado llegar a él. De vez en cuando vuelvo a pensar en ese momento, y me doy cuenta de que en realidad no estaba preparada mentalmente para comenzar ese viaje. Fue precipitado, forzado. Y si añadimos que mi estado psicológico no era el más adecuado, el resultado era bastante evidente.

Durante este año en la UNED me he dado cuenta de que sí, puedo hacerlo bien, sea lo que sea. He recibido calificaciones altas, he investigado, he resuelto situaciones complejas y he salido satisfecha. También me he formado en mi campo, he invertido en aquello que consideraba necesario y he conseguido el reconocimiento, de nuevo, de profesionales en su campo. Ahora me toca volver a escuchar a mi niña interior, a mi adolescente soñadora, que quería trabajar en un cole y enseñar a otros niños. A mi yo universitaria le debo ese trabajo por lo mucho que sufrió para conseguir su meta. Y a mi yo del presente por soñar con inspirar a su alumnado a ser la mejor versión de sí mismos.

Así que este año va ser un reto. Mi propio reto. Y voy a por él. 

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