Recuperar la cordura (II): detectar cicatrices y aceptarlas


Hola a tod@s

Hace un par de semanas os comenté que estaba perdiendo un poco el norte de lo que quería hacer con mi vida. Este periodo de cuarentena ha servido para reflexionar acerca de ciertos aspectos con los cuales no estoy muy contenta. 

Uno de los problemas que he identificado tiene que ver con la manera de entender las relaciones de pareja. Para ello, tengo que explicar partes de mi pasado. 

He vivido una relación de 9 años, una relación que me ha marcado en muchos aspectos. Fue el primer novio, el primer beso, la primera relación. Y también la primera ruptura. Empezamos a salir con 18 años, y me fui a vivir con él tras un año, a otra ciudad. Las características de esta relación podemos decir que fue bastante tormentosa, y me marcó mucho. Pero no solo eso influyó. Antes de eso, había algo más. 

Mis padres están separados. Viví una relación también tóxica, pero desde una perspectiva externa. Me enseñó lo que no debe ser una relación, pero como algo normal. Aprendí las bases erróneas. 

En conjunto, mi experiencia amorosa está basada en planteamientos erróneos. 

En estos momentos estoy en una relación muy estable, con alguien que me respeta, que me aprecia y me entiende por completo, con mis defectos y mis cualidades. No hay gritos, no hay peleas, no hay enfados tontos, no hay inseguridades. Solo comprensión, cariño, risas y momentos felices, a pesar de estar viviendo juntos esta crisis personal y económica. Y recuerdo que comenzó cuando me empezaba a desarrollar internamente. Justo en ese momento, paré el crecimiento personal. 

Me he hecho la siguiente: ¿por qué cuando comienzo una relación todos los progresos que hago conmigo misma se pierden? Y creo que he llegado a una respuesta muy directa: no sé tener equilibrio entre tener una relación sentimental y yo misma. 

Cuando tengo una relación me centro en esa relación, me obsesiona que todo funcione, que todo vaya bien, que no haya nada malo. Lo aprendí así en mi anterior relación, tormentosa como ya he dicho. Mi objetivo: que todo vaya bien. 

Ahora tengo una relación que funciona sin necesidad de poner esfuerzo, de que tenga que trabajar en ella, sin focalizar todos mis aprendizajes en ella. Y he perdido el sentido de todo lo que hago. 

Si tengo un buen trabajo (aunque no el deseado, pero ése es otro capítulo), una familia reunida de nuevo a pesar del dolor, una pareja que no demanda toda mi atención para equilibrarse... ¿qué hago ahora? ¿En qué puedo centrarme?

En resumen, cuando todo va bien, me toca enfrentarme a mis demonios, y cuesta mucho darme la oportunidad de ser yo misma y encontrar qué hacer con mi vida. 

Quizás esto no aclare nada, pero aceptar lo que estoy viviendo es el primer paso para crecer y tener estabilidad mental. 

No es una entrada en la que dé consejos acerca de lo que hacer para sentirse mejor consigo mism@, pero puedo dejar una recomendación: HABLAR. Yo he llegado a esta conclusión tras una charla con mi pareja, y tras múltiples charlas con mi madre. Poco a poco, vas procesando, pero para eso necesitas abrirte, hablar con personas que te entiendan y que simplemente vayan tirando del hilo para deshacer el nudo. 

HABLA, comunícate todo lo que puedas, porque es el primer paso para sanarte. 

Muchas gracias por estar ahí. 

Nos vemos 


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