Día de la madre

Si tuviera que pensar en algo que decir de mi madre, sería terca y todos sus sinónimos.

Terca, porque cuando la vida la ha intentado frenar, ella, con toda su fuerza, ha dado un golpe encima de la mesa y ha continuado caminando. 

Cabezota, porque a pesar de que su destino estaba en no tener ni la mitad de lo que tiene hoy día, ella y su ángel de la guarda se empeñaron en sacarla de su propio infierno. Se dedicaron a pelear por no seguir las estelas del pasado y dar a su vida su propio rumbo. 

Tenaz, porque cuando todos dormían ella leía. Cuando todos descansaban, ella se esforzaba. 

Testaruda, porque no hubo nadie que pudiera meterse en su camino hacia dar lo mejor para las personas que más ha querido. Ojalá ella misma hubiera estado en esa lista, pero se dedicó a anteponer a otras personas a su propio bienestar. 

Como hija, puedo dar fe de todos los actos de ella. Se empeñó en que tuviera la mejor educación, la mejor de las sonrisas. "Las cosas te las tienes que ganar". Me construyó, me motivó. 

Parece que imprimió en mí una costumbre: la de hablar. Dice que de bebé me hablaba, me contaba lo que quería mientras cuidaba de mí. Crecí, y las tornas se cambiaron. Ahora era yo la que hablaba. Hablaba sin parar, contando cada detalle. Se hizo mi mejor amiga. 

La vida te da palos. Te desorienta, te deja de piedra y te aleja de lo que eres y de lo que sientes... 

Hemos perdido hace poco a una madre, una persona que nos acogía bajo sus alas cuando el mundo se volvía tortuoso. Pero yo sigo teniendo el abrazo de una madre, por la que siento la más profunda de las admiraciones. 

La suerte de saber que sigue ahí, perdonando incluso cuando no se merece, es lo que muchas veces me ata a la tierra y me mantiene arriba. Me conoce más de lo que lo hago yo, una sola mirada y parece que me consigue abrir la caja de Pandora. 

Por mi madre, esa mujer terca, cabezota, tenaz, testaruda. Mi brújula personal, mi ejemplo a seguir. 

Te quiero mamá

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